Escribujando un Entierro...


Ya siento que estoy radiante por volver. Tengo en cuenta que el diamante es carbón. Más de un año perdido en el desierto. Esquivando estepicursores empujados por el viento. Escapando de mi sombra, unas veces alargada y otras casi inexistente. Y mirando hacia atrás. Vigilando si me sigue.

Me ha hecho un traje a medida. Un traje de madera y clavos. Me cree muerto. Dice que ya no tengo más que dar. Está convencido que ya no hay nada en mi interior. Me ve vacío. Me ve cansado. Piensa que todo lo que hice, además de ser mediocre, es lo mejor que puedo dar de mi mismo. Me quiere alojar bajo tierra a oscuras. Y yo le he creído. Ha llegado a convencerme de que lo único que puedo hacer es correr. De que ya no tengo la capacidad de mirarle a los ojos y sonreír. De reír. De pedir aplausos por las mierdas que salen de mi cabeza. Y me he dedicado a correr alejándome de él, por si tenía razón. Y aunque no estoy bajo tierra hace tiempo que actúo como un muerto.


Pero he visto huellas en la arena. He pensado que por fin encontraba una salida. Las he seguido, y cuanto más avanzaba más huellas encontraba. Iría donde muchos otros habían ido. Horas caminando y cada vez mas pisadas. Hasta que me he dado cuenta de que caminaba en círculos siguiendo mis propias huellas. Cada vez que daba una vuelta encontraba más marcas en el suelo. Marcas que yo había hecho momentos antes. Y he roto a reír.

En ese momento me he dado cuenta de que solo he huido de mí mismo. Es lo más absurdo que me ha pasado. El absurdo siempre ha sido mi fuente de inspiración y la faceta humana que más admiro. Y me he sentido lleno de fuerza. De fuerza estúpida y surrealista.

Paro en seco. Limpio una gota de sudor que me resbala por el filtrum camino del labio. Sacudo la arena de los pantalones y doy el primer paso. Ya no camino, ahora paseo. Todo lo que veía seco y muerto se muestra como luminoso y fascinante. Paro un rato a separar los granos rosas de arena del resto. Los guardo en el chivato del paquete de fortuna. Dibujo con mi lengua sobre mi paladar palabras que me gustan. Zurraspa, paréntesis, escualo, ojete... Cierro los ojos muy fuerte para ver lucecitas. Hago sombras chinescas que no representan nada. Me golpeo la cabeza con el puño y suena a hueco. Tiro piedras con la mano izquierda. Mis pasatiempo favoritos.

Sin darme cuenta he llegado a la sede central de Escribujo. Un local destartalado en el que antes se vendían cigarrillos electrónicos. Yorch ha llegado antes y está dibujando un pene con alas en el cristal de la puerta. Ha convertido un par de ataúdes en peceras para carpas japonesas. Él y su obsesión con la cultura nipona... Pero tiene buen aspecto. Acostumbrados a los reencuentros, lo único que me dice es "te he dejado un borrador sobre la mesa". A currar.

Cosmonauta del Escribujo

Carl Sagan era un hijo de puta. Seguro que muchos de vosotros estáis escandalizados ante esta afirmación, pero es lo que siento al pensar en él. Recuerdo la primera vez que vi su careto. En el sótano del edificio de aulas de mi colegio. El profesor de física metió una polvorienta cinta VHS de la serie Cosmos: Un viaje personal en el reproductor, y en la pantalla apareció el hijo de puta. Llevaba un jersey de punto e intentaba disimular su incipiente calvicie dejándose el pelo un poco largo. Me recordó a Félix Rodríguez de la Fuente, que tampoco me ha gustado nunca por culpa de una cursi canción que cantábamos en el grupo scout al que pertenecí.

El cabrón se puso a hablar del universo. De cuándo y cómo se creó. De cuando aparecimos los humanos. Y lo que más acojona, de cuándo va a reventar el sol y mandarnos a todos al carajo. Porque sí, el sol va a explotar. Vale que ocurrirá en millones de años, y que si la ciencia no lo evita me pillará criando malvas, pero que todo se va a acabar. En documentales posteriores decían que para entonces tendríamos la tecnología necesaria para trasladar a la humanidad a otro planeta, o incluso mover la propia tierra para alejarla del sol. Pero yo no me lo creo. También nos decían que en el año 2000 los coches volarían y en 2014 aún veo algún Renault 21 por la carretera. Nada. Todo va a reventar.


Lo que me hace meditar. Somos nada. Y no refiero a lo típico de "no somos nada". Me refiero a que de verdad no somos importantes. Nos vemos a nosotros mismos como el centro de la existencia. Y es lógico, ya que solo somos conscientes de nuestra existencia. Pero no importamos una mierda. Y no le refiero a los que como yo, tenemos un currito insignificante y vivimos como podemos. Todos y cada uno de los seres humanos no importamos nada. Bastaría para demostrarlo el hecho de que miles de personas mueren diariamente de hambre y de enfermedades para las que hay cura, y la verdad es que nos la suda. Pero como no quiero remover conciencias, ni parecer demagógico lo intentaré demostrar de otra manera.

No logro imaginar la muerte de una persona que realmente suponga un problema. Pensaréis que si se muere un presidente de gobierno o un papa, eso sí es importante. No, es mediático, pero no importante. De hecho son los menos importantes, ya que los sustituimos por otros inmediatamente. Si se nos muere el cónyuge nunca lo sustituiríamos inmediatamente, a no ser que esa haya sido la razón de su muerte, pero no es lo habitual. Por lo que es más importante la desaparición de cualquier mindundi con seres queridos que la de una importantísima autoridad pública, ya que unos son reemplazables y otros no. Pues miles de personas importantes para otros mueren a diario. Y a los demás nos la suda. Ergo nadie es importante.

Es decir, nadie es realmente importante para la humanidad. Además ni siquiera es la humanidad es importante para la vida. Había vida antes de nuestra aparición y la habrá cuando ya no estemos. Y la vida ni siquiera es importante para la existencia del universo. Solo conocemos vida en nuestro planeta y el resto del universo sigue su curso sin nosotros.

Con todo esto dan ganas de cortarse las venas. O de vivir de forma destructiva. Esto es lo que me inspira el puto Carl Sagan. Pero a pesar de todo seguimos creyéndonos el centro de la existencia. Y lo hacemos porque tenemos la esperanza de hacer cosas grandes e importantes, quizás para compensar nuestro complejo de inferioridad. En mi caso me debato entre el pesimismo y la esperanza. Esperanza de que la mejor canción está aún por sonar. De que Amatria vuelva a darme la vuelta a la piel. De que me queden cientos de ataque de risa con mi hermano. De disfrutar de un paseo por la montaña. De seguir conociendo todo con Morcilla. Y por supuesto de escribujar el Escribujo definitivo con Yorch. Que te jodan Carl Sagan.

Preguntas, respuestas y Escribujos

Después de 56 años recluido en este sótano, la puerta se abre a un nuevo mundo. Durante este tiempo había leído a los clásicos y meditado profundamente sobre la existencia, y sobre su existencia. En ningún momento había experimentado otro entorno diferente a las cuatro paredes de ladrillo que se levantaban a su alrededor. Ni siquiera sabía si esas paredes se levantaban o se expandían. Si siempre habían estado ahí o de repente aparecieron.


Estaba seguro de la existencia de semejantes. Bueno, en realidad nunca tuvo certeza de que aquellos que se llamaban sus semejantes lo fueran realmente. La lógica decía que cada uno de ellos era un ser independiente con conciencia e independencia. Pero para él, admitirlo no era más que un acto de fe. Nada demostraba que realmente sentían como él sentía, sufrían los mismos dolores o tenían las mismas preguntas y miedos. Había llegado a la conclusión de que él era único. Que los demás solo eran imágenes proyectadas de si mismo. Entes sin alma propia.



Como reflejaban los libros, a lo largo de la historia que le han querido contar, otros personajes y sociedades se habían creído el centro de la existencia. ¿Estaría tropezando en la misma piedra o realmente el era lo importante? Su mente se inclinaba hacia la lógica de ser uno más. Incluso uno menos. Pero sus tripas se revolvían intentando aceptar la mediocridad. Se envenenaba con la idea de renunciar a su individualidad. Al sentimiento de ser especial y único.


Y ese miedo es el que le mantenía inmóvil al pie de la escalera. Sin poder dar un paso hacia adelante. Tenía a unos metros la solución a todos los interrogantes que le habían mantenido en vela noche tras noche. Y dudaba de querer aceptar la realidad. De descubrir que él no era ÉL. Sino que era uno. Por un lado desearía ratificar por fin que los demás eran sus iguales. Y de esta manera huir de la soledad y el peso de la responsabilidad. Pero le provocaba ansiedad ver desaparecer aquello que le hacía especial. Y aún tenía un miedo mayor. Tan profundo que ni él mismo habría podido expresarlo con palabras. Se le estrujaba el corazón y le bloqueaba la garganta la posibilidad de que el final de la escalera solo hubiese más preguntas. Que la luz que desde el sótano le iluminaba y le calentaba la cara solo era el reflejo de otra bombilla en unas paredes de ladrillo más altas.

Esperando un Escribujo

La figura de Emilio Vasques Utrilla ha pasado a la historia como el revolucionario más admirado de la primera mitad de la primera década del tercer milenio contado a partir del nacimiento del líder de las religiones cristianas, como el catolicismo o los protestantes y baptistas, y mesías de otras como el judaísmo o islam, Jesús Estefan de Nazaret y Borges.

Su revolución no consistió en derrocar a un dictador. No consiguió que las grandes corporaciones multinacionales se preocuparan por el planeta y por los que en él vivimos. No logró la concienciación de los medios de comunicación con la necesidad de educar en la cultura con el entretenimiento. Ni siquiera fue pionero en usar Telegram en lugar de Whatsapp. Pero a día de hoy es respetado como un innovador. Las camisetas llevan su cara estampada. Hay posters en los que aparece con la mirada perdida en el horizonte. Se saca brillo a diario a las estatuas de bronce que se levantaron en su honor en todos los pueblos de España. Su familia luce con orgullo los apellidos de este ilustre personaje que inmigró desde Sudamérica para traernos su conocimiento.


Centenares de libros repasan su vida y analizan sus logros. El principal de ellos fue nada más y nada menos que poner de acuerdo al 50% de la población de la tierra. Concretamente al 50% que tiene pene. Su análisis se centró en cómo los individuos macho de la especie humana pasaban horas y horas de su tiempo esperando a que los individuos hembra de la misma especie estuviesen listos y arreglados. ¡No le parecía justo! Se estaba perdiendo un tiempo precioso y valioso. Como dijo José Luis Sampedro "El tiempo no es oro. El oro no vale nada. El tiempo es vida". Por lo tanto se estaban perdiendo vidas. Cientos de miles de vidas cada día. Y decidió remediarlo.

A través de redes sociales convocó a todos los hombres del mundo a una reunión online. Y se decidió que nunca más se esperaría a una mujer que llegase tarde. Era necesario que esto se hiciese de forma unánime y sin debilidades. No podía haber fisuras. Si uno solo de los eslabones de la cadena fallaba, caerían todos de nuevo. Y se logró el compromiso total.

A partir de ese momento nunca más se esperó a una mujer que llegaba tarde. Y poco a poco todo el mundo empezó a estar a su hora. Pero resulta que los hombres se empezaron a relajar. De repente ya no eran tan puntuales. Se decían "una vida más al Call of Duty y me visto". Y se empezó a crear la costumbre de que los hombres llegasen tarde. Ahora se pueden ver parques, restaurantes, bares y portales llenos de mujeres esperando a que los hombres estén listos. Otra revolución se avecina.

Pipas y Glamour en Escribujo

Ahora pasa desapercibido. Nadie le para por la calle para pedir un autógrafo ni para hacerse fotos con él. Su cara ya no es portada en las revistas de cotilleos. No le invitan a programas de televisión para hacerle entrevistas. Y lo cierto es que a estas alturas le daba igual. Al principio se molestaba, pero la fama, el dinero y la vida fácil estaban muy lejos. Como un sueño del que despertó y del que no recuerda los detalles.


David era hijo de uno de esos valientes que se atrevieron a crear su negocio durante la depresión del 2021 (¡Sorpresa! ¡Esto no ha acabado!). Una gran superficie en la que solo se vendían pipas. Pero de todos los sabores (excepto Tijuana que fueron consideradas adictivas y prohibidas en el año 2018 por la unidad de sustancias controladas). Este loco empresario decidió utilizar a su hijo en los anuncios de la tienda, en los que aparecía en pañales nadando en mares de pipas.

Estas apariciones le hicieron inmensamente famoso e inmensamente rico. Durante dieciséis años fue la figura pública más reconocida y valorada. El bebé de las pipas. Continuó con la publicidad del negocio familiar e hizo cientos de cameos en diferentes series de televisión como "Nada es para siempre: el reencuentro" "Las aventuras de Pío Cabanillas" o "Me huelen los pies. Historia de ascenso y caída de Emilio Aragón", entre muchas otras. La gente le quería. Le abrazaba. No podía salir a la calle sin ser avasallado. Le gustaba. Le gustaba mucho.

Todo cambió en verano de 2037. Como cada mañana, el mayordomo le trajo a la cama el desayuno y el periódico del día. Mientras disfrutaba de un buen zumo recién exprimido y untaba con mantequilla el pan leyó el primer titular. "Magnate de las pipas encontrado muerto en su mansión de Peralbillo, en Ciudad real". La tostada se le resbaló de las manos cayendo sobre las sábanas (aunque no del lado de la mantequilla. Bimbo había sacado al mercado un pan que invertía la ley de Murphy).

Al parecer, su padre durante años había falseado los resultados de la empresa, y había dilapidado el fondo de pensiones para cubrir las deudas. Cuando vio que todo le estallaría en las manos no pudo soportar la presión y consumió una dosis mortal de pipas con sal. No solo estaba en la ruina, sino que debía millones a personas muy cabreadas. David decidió huir. Cambio de aspecto y de nombre. Se mudó a un piso humilde en el distrito de Tetuán, y sobrevivía haciendo portes con una furgoneta.

Nada en su vida es parecido a lo que en su momento fue. Y solo se permite recordar una vez al mes. Día en el que se sienta en el parque con una bolsa de pipas y las come mientras llora sus miserias.

El placer según Escribujo

Hoy nadie más existe. Ni esforzándome por escuchar o percibir la existencia de mis semejantes, logro diferenciar voces o sonidos humanos. Solo se escucha un pájaro cantar o como el viento mueve lentamente las ramas del chopo sobre el que apoyo la espalda. Y de vez en cuando el roce de mi ropa cuando cambio de postura. A parte de eso nada más.


Mis pensamientos son tan claros que parece que hablo en voz alta conmigo misma. Hace tiempo que no sentía esta paz. En principio iba a jugar al Candy Crush, pero el plácido calor de los rayos de sol que se filtran entre el follaje de las árboles solo invitan a dejar la mente eblanco. La humedad de la hierba me ha calado el pantalón, y aunque aún hace fresco a la sombra, no me incomoda. De hecho paseo las yemas de los dedos entre las hebras de césped, y admiro las gotas de rocío que brillan en mis manos.

Hoy más que nunca recuerdo las palabras del profesor Savater. La verdadera felicidad está en esas pequeñas cosas. No cuestan dinero y están a tu alcance. Solo debes aprender a encontrarlas y hacerlas tuyas. Desde entonces he buscado el placer cotidiano. Ese que casi damos por hecho. Ese que hace que la vida merezca la pena en cada instante.

Leer un libro, la buena compañía, volver a escuchar esa canción, las croquetas de mi madre, reventar las burbujas de un plástico de embalar, que llueva cuando estás en casa, lamer la tapa de un yogur, despertarte en mitad de la noche y ver que queda mucho para la hora de levantarte, poner un espejo delante de otro espejo, dibujar con el dedo en el terciopelo, encontrar un billete en un pantalón, el olor del césped recién cortado, caminar sin zapatos por la arena, poner las manos en el radiador al llegar a casa un día de invierno, una ducha de veinte minutos, jugar con un perro, encontrar una moneda, chupar el azúcar de una gominola hasta dejarla lisa, comer pipas, quitarse la pelusa del ombligo, recibir un dibujo sobre el que escribir en un blog... 

Escribujo presenta a Patrick Swayze en "Atardecer Rojo"

Solo faltaba un marcapasos. Después de tanto trabajo. De meses y meses de luchar contra las adversidades del proyecto. Adversidades tanto económicas, como técnicas, médicas y morales. Por fin todo se completaría. Podríamos ver si nuestro plan maestro tendría las consecuencias que buscábamos que tuviese. 

Hoy recuerdo de forma vaga la noche en que cocinamos este plan loco. No sé si por los meses que han pasado o por la cantidad de DYC con Sprite que había consumido. Recuerdo estar sentado en la barra del Memphis, un bar de Ciudad Real en el que según pidas el refresco de botellín o de botella de dos litros el cubata será cincuenta céntimos más caro o más barato. Como siempre, entre trago y trago, entre excursión a fumar y excursión a mear, nos pusimos a arreglar el mundo. Que si a mi me van a despedir, que si yo estoy en el paro, que a mi madre le bajan la pensión... Y como corolario a todo esto siempre sentenciábamos con "los políticos son unos cabrones". La verdad es que las hostias que veníamos recibiendo y el miedo a convertirnos en lo que, sin saberlo, ya éramos, una generación echada a perder, nos estaba radicalizando. Nunca nos habíamos descrito como de izquierdas pero el ver como los derechos sociales se iban alejando de nosotros nos transformaba en comunistas por necesidad. Y precisamente comentando esta deriva ideológica fue cuando todo surgió.


Ahora que lo pienso fui yo el que dijo estar convirtiéndose en un comunista por necesidad y estar ocultándolo por hambre. Entonces Jorge se quitó las gafas de pasta, de estas que llevan ahora los modernos, me miró serio y puso la semilla del proyecto. "Tendría que surgir un líder obrero con carisma para unirnos en la lucha. Alguien como Lenin". Yo le dije que nunca existiría otra figura como Lenin. A lo que él contestó "Pues resucitémosle". Lo dijo de una forma tan simple que noté que hablaba en serio. Yo estaba chuzo perdido y seguramente por eso lo recibí como una idea cojonuda. Resucitamos a Lenin y que nos lidere. Aunque muchos pensarán que esto era una tontería de borrachos nos pusimos manos a la obra sin titubear. Le pedimos al camarero bolígrafo y papel, y que dejase la botella de Whisky en nuestra mesa. Comenzamos el proyecto. ¿Qué pasos necesitamos dar para resucitar a Lenin? Puff... yo soy consultor de comunicación y Jorge es ilustrador. Quizás necesitamos volver al pasado y estudiar medicina, biología, ingeniería... y ruso. ¡Eso! Lo primero que necesitábamos era enseñarle español...

De esta forma tan precaria, hipotética e ilusa comenzó todo. Con la ayuda de nuestros amigos y de personajes de reputación, como mínimo cuestionable, y después de un viaje relámpago a Moscú, disfrazados de Albano y Romina, para robar el cuerpo embalsamado de Lenin (esta es otra historia que contaremos más adelante) conseguimos los medios para llevarlo a cabo. Marín está dando el último retoque al marcapasos y el profesor de Español espera sentado al lado de la camilla.

Vladímir Ilich, Bienvenido.

Escribujos en la tercera fase

Como todas las noches, caminaba de regreso a casa después de un duro día en la mina de sirope. La calle estaba especialmente lúgubre, pero había hecho tantas veces ese camino que lo podría recorrer con el ojete cerrado. Además andaba distraído pensando en sus cosas. Buscando la mejor manera de matar a sus jefes sin acabar con los huesos en la cárcel.

Se cruzaba con gentes de todos los lugares del mundo. Con músicas y olores de culturas de los cinco continentes. Con vecinos que gritaban y bailaban. Con parejas discutiendo a voces. Pero nada conseguía sacarlo de sus pensamientos. Al doblar la última esquina antes de llegar a su portal, se topó de bruces con un señor de estatura media. Estaba muy oscuro, por lo que no podía ver su rostro. Pero por el olor diría que era un yonki que se había alejado un poco de su barrio. Articuló un "disculpe" tan bajo que prácticamente era un susurro, y siguió avanzando por la calle. Nervioso. Acelerando el paso hacia su portal.


Sentía que los pasos se acercaban. Sacó las llaves e intentó abrir la puerta como un rayo. Pero los nervios provocaron que se le resbalaran de las manos. Las recogió y cuando consiguió meterlas en la cerradura una mano se posó en su hombro. Impulsivamente se giró con intención de propinar un golpe certero a su agresor, pero en ese momento una voz rompió el silencio. "Compadre, ¿no reconoces a tu camarada?"

Se paralizó e intento reconocer el rostro de aquel que le hablaba con familiaridad. "¿Yorch?" preguntó casi temiendo que la respuesta fuera afirmativa. "Exacto chavalín".

Era él, sin duda. Tenía una barba que le llegaba a la ingle, y su ropa parecía un montón de trapos malolientes. Pero a la luz de los halógenos del salón aún se reconocían los ojos vivos y las manos hábiles que le caracterizaban. Nadie pidió explicaciones por su aspecto, ni por su dilatada ausencia, y nadie las ofreció. Sólo pronunció una frase "Ha llegado el momento de volver". Suficiente para que en su aspecto desaliñado, casi de mendigo, sólo se pudieran intuir pinceles y lápices.

Un largo abrazo y manos a la obra.

Escribujo en Hollywood en los 80s o 90s

Quizás su mayor inspiración había sido Laura Holt, protagonista de la mítica serie con la que Pierce Brosnan saltó a la fama, Remington Steele. Una detective privada monta una agencia y se inventa un socio hombre, para evitar que el hecho de ser mujer le impida poder trabajar. Un entorno machista que aprovecha Pierce para hacerse pasar por el socio y vivir eróticas aventuras.

Aunque había una película de Eddie Murphy llamada Su distinguida señoría, que también había sido semilla de sus actos. En ella un congresista llamado Jeff Jonhson muere, y un estafador aprovecha que se llama igual para presentarse a las elecciones y ganar.

Pero no era la única en la que se encontraban ideas que había llevado a la practica en su plan para hacerse pasar por Bujo. Este muerto está muy vivo, un clásico entre los clásicos, o Two Much, en la que Antonio Banderas (además de conocer a su futura esposa) es Art Dodge y se hace pasar por su hermano gemelo inventado, Bart Dodge, para tirarse a dos mujeres a la vez.


El caso es que ya que no le quedaba otra opción. Decidió robar un dibujo aleatorio de una web de un ilustrador anónimo, y hacerlo pasar por un original de su compañero. Como si se tratase de una comedia de enredos, se dieron muchas situaciones en las que estuvo a punto de descubrirse la falsificación, hasta que el autor de un blog de la competencia lo hace público para dejarles en evidencia.

Como giro final resulta que el dibujo, por una carambola del destino, sí que era de Bujo, ya que Escri lo había sacado de su blog sin darse cuenta.

¡Corten! ¡A positivar!

Escri without Bujo

Era la décimo quinta vez que le respondía el buzón de voz. De nuevo dejó un mensaje intentando ocultar el ansia y la preocupación. Todo estaba parado y Escri era incapaz de localizar a Bujo. 

No era la primera vez que su compañero desaparecía durante un tiempo, pero nunca antes había dejado de contestar a la llamada de los pinceles. Era amigo de salir a tomar un café un martes por la tarde, y terminar cuatro días después, medio inconsciente, en una acera de una ciudad de otra provincia. También había periodos en los que se encerraba en su mundo interior, desconectaba el teléfono, y se dedicaba exclusivamente al noble arte de comer pizza, beber cerveza y jugar a la consola hasta que los días sin dormir le impedían mover los dedos sobre los botones del mando.


Pero esta vez era distinto. A Escri le habían confirmado que se había visto a Bujo caminando por el parque o comprando el pan. Los más viejos del bar aseguraban haberle visto hace semanas, y solo pidió un Frutopía tropical. En la tienda de videojuegos no sabían nada de él desde Semana Santa. Los borrachos que se reúnen en el parque frente a su portal creían haberle visto salir arreglado y bien peinado, de una manera que antes jamás le habían visto.

Esto empezaba a preocupar muy mucho a Escri. ¿Qué estaba pasando? En el periódico local se hablaba de sectas ultra-religiosas que captaban a ciudadanos y les reunían a cantar himnos. La iglesia de la Cienciología empezaba a tener cada vez más incautos adeptos. Los masones volvían con fuerza. Los Testigos de Jehová seguían su evangelización del pueblo. El Athletic Club de Bilbao estaba en puestos de Champions league. Podía haber caído Bujo en alguna de estas pseudo-religiones? Nunca fue muy espiritual, pero podría pasar.

De lo que estaba seguro es que nunca podría suplirle. Necesitaba encontrarle de nuevo. Pero mientras la banda de albano-kosovares que había contratado para localizarle hacía su trabajo, alguien tenía que dibujar. Escri se puso manos a la obra y, con esfuerzo y sacrificio, dibujó como si su vida dependiese de ello. Y aunque no era exactamente un virtuoso consiguió sacar algo decente.

The Show must go on.

Escribujo On Fire

Cuando tenía 14 años, uno de mis profesores dejó en ridículo a uno de mis amigos. Le sacó a la pizarra y le preguntó un tema de la asignatura. Mi amigo, llamemosle Eric, era un chico brillante, pero tenía un defecto en el habla. No pronunciaba bien las erres. Esto había provocado en él un pánico supino a hablar en público. Con lo que sus exposiciones eran una mezcla de tartamudeos, erres mal pronunciadas, sudores y tics nerviosos. El profesor sabía perfectamente que Eric tenía este problema, pero disfrutaba haciéndole sufrir. Le gritaba y le insultaba. Le decía que era un inútil. Y un día le dio un bofetón al mandarlo a su sitio.


Hasta ese momento todos asistíamos impasibles al sacrificio en los leones de nuestro compadre. Pero ese día algo cambió. Ese bofetón encendió una llama en mi interior. Me empecé a poner nervioso. La piel me ardía. Los ojos me presionaban dentro de las cuencas y un zumbido iba in crescendo en mis oídos. Los de mi alrededor me miraban con cara de pánico y se alejaban de mi pupitre. El profesor comenzó a gritarme, a chillar. Decía que me estuviese quieto, que me la iba a cargar. Pero ya había perdido el control. Sentí como por todos los orificios de mi cuerpo surgían llamas y perdí el conocimiento.

Al despertarme la clase estaba desierta y devastada. Los muebles aplastados contra las paredes y restos de papel flotaban llameantes. Sólo se distinguían dos figuras. Una de ellas era Eric, que sonriente me sujetaba la mano preocupándose por mi estado. La otra era una masa deforme de carne mezclada con lo que momentos antes eran el pantalón vaquero y el polo verde de Springfield de mi profesor. Miré a mi amigo con cara de pánico, y el sólo dijo que todo había terminado, susurrando un gracias al final.

Después de aquello, mi familia se mudo de ciudad, huyendo de las habladurías. Me llevaron a mil psicólogos, psiquiatras, neurólogos y mediums, pero nadie supo decir que me había pasado. Al final decidieron internarme en un centro de salud mental, donde con medicamentos y meditación me enseñaron a controlar mis "trances" devastadores. Gracias a ello hace 16 años que no he vuelto a tener un episodio de ese tipo.

Llevo una vida normal y nadie a mi alrededor, excepto mis padres, saben nada de mis peculiaridades. Pero algo dentro de mi se está despertando. Los negreros, inútiles, niñatos y romanceros pagados de si mismos están poniendo nervioso a una parte de mi mismo que debe permanecer dormida. Cada vez que me fustigan a mi o alguno de mis cercanos con sus látigos de mediocridad me sube la fiebre y tengo visiones de luces brillantes que se mueven a toda velocidad. Hace tiempo que la meditación y medicación no son tan efectivas como en tiempos pasados. Tendré que alejarme de esta fuente de ira o acabaré haciendo frente a mi destino y al suyo. Tengo ganas de dejarme llevar.

Escribujo Resurrection


Hacía tiempo que nadie sabía de ellos. Los más viejos del bar contaban historias y aseguraban que Habían muerto de éxito. Al igual que otras de las grandes figuras públicas que habían tenido un ascenso explosivo, como Amy Winehouse o Ramoncín, no supieron gestionar su fama, y sucumbieron bajo su peso.


La última vez que alguien vio a Iñaki en público fue en un bar de striptease, donde, con un aspecto desaliñado, introducía billetes de 100 euros en el tanga de una bella mujer del este. Se dice que después de esto entró en una clínica de desintoxicación para tratar una peligrosa adicción a los caramelo Pikota, que estaba destrozando su salud y acabando con la fortuna que había ganado escribiendo en el blog Escribujo. Se habla de que la víspera del día mundial del Pueblo Gitano, se escapó por la ventana de su habitación y se perdió corriendo en camisón por entre los árboles del bosque que lindaba con la clínica. Uno de los enfermeros que le vio fugarse, asegura que mientras galopaba por la arboleda se le oía gritar "¡¡¡Por el poder de Hanna-Barbera!!!".

El caso de Yorch es todavía peor. Existen varias versiones sobre su destino. La que han dado los periodistas del papel couche es que había perdido millones jugando a la bolsa. Cuentan que uno de sus más cercanos amigos, cuyas iniciales eran E R L, le aseguró que el LaserDisc volvía fuerte, y que era el momento de invertir en ello. Yorch, tan estúpido como rico, utilizó todo su capital para hacerse con el control de esa industria. Pero resultó que lo que volvía fuerte era el MiniDisc. Lo perdió todo, y se dice que se retiró como monje en la Iglesia de la Cienciología.

La versión de diferentes personas cercanas a él era más desgarradora  Según ellos, una vez alcanzado el techo del mundo sólo le quedaba un camino. Precipitarse al suelo. Imitando el argumento de su película favorita "Qué asco de vida", hizo una apuesta con Yandar, de Yandar y Yostin,  uno de sus nuevos amigos millonarios. La apuesta era que debía sobrevivir un mes como un mendigo y doblaría su fortuna. Pero si no era capaz lo perdería todo. Dos días después era adicto al vino peleón, vendía La Farola y había olvidado quién era. Ahí se le perdió la pista para siempre.

Pero hoy, en un callejón oscuro de una ciudad perdida en la meseta manchega, dos hombres se reúnen entre las sombras. Susurran proyectos de levantar de nuevo un imperio. Las heridas de la vida reflejadas en sus rostros, muestran sus almas rotas por acontecimientos salvajes. No hay sonrisas ni colores, pero el brillo de sus ojos dan luz a la ilusión, al talento y a la determinación de ser grandes de nuevo. Uno escribe, el otro dibuja, y los dos comenzarán una nueva revolución neocreativa que hará temblar los cimientos del mundo audiovisual OnLine.

¿No te da? Escribujo si te da.

Esta es la historia de Marcelo González-Pons. Un chico Valenciano que abandonó su tierra natal para ir a hacer fortuna a la capital. Siempre había vivido a la sombra de su hermano, que se había hecho un nombre en política. Aunque le propusieron aprovechar las influencias de su hermano para conseguir un trabajo fácil y bien remunerado, optó por estudiar una carrera con buenas salidas profesionales. Al final estudió Filología Hispánica.

Cuando terminó sus años de universidad se lanzó al mercado laboral. Un mundo nuevo se abría ante él. Pero pronto le empezaron a llover hostias. Encontrar trabajo era una labor imposible. Nadie quería a un filólogo. Tuvo que aceptar trabajos precarios y mal pagados, que rozaban la ilegalidad. Le explotaban en negocios sórdidos. Hubo un momento en que se planteó alistarse en el ejército, para tener alojamiento y comida, pero aún le quedaba algo de conciencia, así que optó por pescar monedas en las fuentes de la ciudad.


Era un día de febrero de 2013, y apuraba un cartón de vino sentado en un banco del parque del Retiro. Dentro de su estado de embriaguez constante, repasaba en su mente su trayectoria, sus errores y los pasos que había dado para encontrarse en esta situación desesperada. Sintió como su alma por fin se había rendido. Y por primera vez se veía con determinación para acabar con todo. Con gran dificultad se puso en pie. un frío le recorrió el cuerpo. Desde los pies  pasando por el pecho y alojándose en su cabeza. Tardó un par de segundos es sentirse confiado para dar el primer paso sin caer al suelo de nuevo. Tambaleándose, se aproximó al borde del estanque. Pensativo, observaba su reflejo en la superficie ondulante del agua. Un paso y todo acabaría. La gente pasaba por su lado sin tan siquiera ser conscientes de su presencia. De sus intenciones.

En el momento en el que se arrancaba a dar el paso algo le paralizó. inmóvil comenzó a ver el color de las flores. Sintió el aire golpeando su cara y llevándose con él la tristeza. Arrastrando su desesperación. ¿Qué era ese sonido? ¿Ese ritmo? ¿De dónde prevenía? Una música que le llamaba. Giraba la cabeza de un lado a otro buscando el origen de sus sensaciones. Un grupo de chavales, sentado en el césped  escuchaba esa canción. Se acercó a ellos. Le miraban con miedo, precavidos, suponiendo que les pediría un cigarro, un euro para el metro... Pero Marcelo sólo podía pensar en esa canción. Con los ojos enrojecidos, y la cara cansada les preguntó ¿Qué es esto? Casi murmurando, uno de ellos contestó "Esto es AMATRIA".

A Marcelo se le dibujó una sonrisa en los labios. Se dio la vuelta y se fue silbando.

AMATRIA lanza su segundo single "NO TE DA", incluido en su nuevo disco "SALIR ILESO" (a la venta en Abril).

Escribujamos Amatria para Salir Ileso


Y por fin podemos escuchar lo nuevo de AMATRIA. Aunque su nuevo disco "SALIR ILESO", no estará a la venta hasta Abril, ya podemos  escuchar alguna cosilla.

Hoy van a salirte las alas

Se trata de dos temas. Los sofás de mis amigos y Dios Verdadero (como extra, ya que esta segunda no estará en el disco). Los sofás de mis amigos (en adelante Los Sofales) desde el principio me trajo a la mente la música de los años 50. Es divertida y alegre. La electrónica de fondo, adaptada al buenrollismo. hogareño. La primera vez que escuché Los Sofales se me caían lágrimas de emoción (¿Exagerado? Sí, pero qué le vamos a hacer. Soy un moñas). Y Dios Verdadero. Amatría en estado puro. Mi mayor apuesta está en la cara B... Soy de los que pensaba que el Laser Disc lo iba a petar.

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Siempre he tenido una relación especial con la música de AMATRIA. ¿Qué por qué? Porque me encanta. Porque AMATRIA es como la tortilla de mi Madre. Yo puedo ir a la compra. Coger patatas y huevos. Llegar a casa. Batir los huevos, freír las patatas, mezclarlo... Y me sale una tortilla. Mi madre va a la compra. Coge patatas y huevos. Llega a casa. Bate los huevos, fríe las patatas, lo mezcla... Y el resultado es una jodida experiencia para los sentidos. Esto es AMATRIA. Una Sublime experiencia gastronómica-musical.

Y en esta ocasión nos ha concedido el privilegio de hacer una pequeña aportación a su arte. Ya que desde ESCRIBUJO hemos participado muy activamente en la parte del diseño gráfico de las postales dedicadas que se adjuntan con la compra de las canciones, y del disco.

Gracias AMATRIA!

La paciente espera de Escribujo

Esta es la historia de uno de los personajes más singulares del siglo XX. Es la historia de cómo la determinación, la ilusión y la pureza de espíritu lleva a las personas irremediablemente a la perdición. De cómo, si deseas algo con mucha fuerza y pones todo tu empeño en conseguirlo, una vez más te comerás una mierda.

Llevaba años parado en la misma esquina. Siempre con su cartel. Esperando. Algunos le conocían como Fanegas el que Espera. Para otros era el Gordaco del Cartel. Los muchachos del barrio le llamaban loco. Decían que se había quedado viudo muy joven, y había perdido el juicio. Los más viejos del bar aseguraban que era un retrasado que se había perdido en una excursión del centro para personas especiales, y que nunca volvieron a recogerle. Cada habitante del pueblo tenía una historia diferente. Todas ellas le dibujaban con grandes problemas mentales. Y es cierto que al mirarle parecía que nadie iba al volante. Pero ¿Quién era en realidad?


A principios de los años noventa, en la localidad murciana de Calasparra, la vida sonreía a Isidoro. Acababa de terminar sus estudios de Tornero Fresador, y comenzaría a trabajar en RENFE, con un buen sueldo, unos beneficios sociales espectaculares y Ticket restaurante a mansalva. Además, la Romería de la virgen era esta semana, y Jacinta, la hija del Boticario de Cieza, le había prometido que iría. Aprovecharía para declararse.

Todo era perfecto. Tendría el trabajo de sus sueños y la mujer de sus sueños. Se puso el traje de los domingos, cogió un ramillete de flores silvestres y un cartel en el que expresaba su amor. Se fue a la estación de autobuses a esperar a su amada.

Cada vez que llegaba un autobús se ponía nervioso, esperando que Jacinta bajase y le viese. Pero iban pasando las horas y Jacinta no venía. Cuando llegó la noche pensó que quizás viniese al día siguiente. Así que se levantó temprano por la mañana y de nuevo a la parada de autobuses. Pasó el día de la misma forma que el anterior. Ella no aparecía. Probó suerte al siguiente, y al siguiente, y al siguiente... Pero el resultado era siempre el mismo.

Con su afán de encontrarse con la hija del boticario, olvidó su entrevista en RENFE. Por lo que no consiguió el trabajo de sus sueños. Pero bueno, aún le quedaba la mujer de sus sueños. Siguió esperando. Ya lloviese o nevase. Ya fuese Navidad o Semana Santa. Isidoro no se movía de su sitio. Incluso cuando cerraron la estación de autobuses él seguía allí. Siempre esperando. Pasaron los meses, los años... Y nadie se presentó.

A día de hoy se ha convertido en un personaje sombrío. Su aspecto se ha vuelto lamentable. Sus ropas están viejas y descoloridas. Las madres asustan a sus hijos para que se coman la sopa, nombrándole como si fuese el coco. Han intentado internarlo en un psiquiátrico varias veces, sin éxito. Su expresión es triste y cansada. Pero mientras los niños le insultan y salen corriendo, mientras las señoras se cruzan de acera para no cruzarse con él, a Isidoro le brillan los ojos por un momento. Un segundo en el que ve pasar un autobús cerca. Se vuelve a poner nervioso creyendo cerca a su enamorada. Y permanece quieto de nuevo. Habiéndolo perdido todo, menos el recuerdo de lo que una vez le hizo el hombre más feliz del mundo.

2013. Un Escribujo en el Espacio



"20 de enero del año 2143. Temperatura exterior 109.4 grados Fahrenheit, humedad del 90%. Niveles de oxígeno aceptables e inexistencia de elementos nocivos en suspensión. Descendemos."

Después de 129 años de travesía interestelar, la cápsula Adventure 2 tomaba tierra. Godofredo Flox era su único ocupante. Aunque no siempre fue así. De hecho la expedición, en sus inicios, estaba compuesta por dieciséis personas repartidas en cuatro naves. Pero durante el largo viaje, tres de los aparatos se averiaron y se perdieron en el espacio, y en el cuarto los años se llevaron a la mayoría tripulación, y sólo uno de sus descendientes llegaría a la meta. La misión encomendada lo merecía. Escribujar los límites del Universo.


Durante el año 2013, después de una colaboración con Amatria, Iñaki & Yorch, los responsables de Escribujo, habían llegado a la cumbre de sus carreras. El reconocimiento internacional era indiscutible. Se habían enriquecido con la venta del merchandising de su blog. Las universidades les llamaban para dar conferencias. Las mujeres les lanzaban sus bragas por la calle... La vida les sonreía. Pero como les pasa a todos los genios necesitaban un reto más. Estaba claro que en la tierra habían llegado a lo máximo posible. No había otra opción que abandonar el planeta para seguir avanzando.

Reclutaron a un puñado de alumnos de FP de los Gárate, y comenzaron su proyecto. En un año todo estaba listo. Se seleccionaron las mentes más brillantes de la comarca de Campo de Calatrava. Al ser un viaje tan largo, ninguno de los que se embarcasen llegaría al final. Serían sus descendientes. Así que se les emparejó para que tuviesen hijos que continuasen la misión. Y ¡a volar!

Godofredo, una vez en la superficie del extraño planeta, tenía que llevar a cabo las instrucciones que estaban en un sobre lacrado y marcado con la frase "Abrir únicamente al llegar al destino". Lo abrió y lo leyó. Su misión era hacer una foto al planeta con el móvil, y mandársela por WhatsApp a Iñaki & Yorch, que se habían quedado en la Tierra, para que hicieran un nuevo Escribujo.

¡Misión Cumplida!

Donde fueres, Escribuja lo que vieres



Lo que siempre me asombró de Fermín era su capacidad para disolverse en cualquier ambiente. Era un maestro del dicho "donde fueres, haz lo que vieres". Lo llevaba al límite. 

Una vez, nos sorprendió una tormenta de verano paseando por las calles de Munich, y fuimos a resguardarnos en el primer portal que vimos abierto. Resultó ser la entrada a una sauna de ambiente gay. Después de media hora de espera comprendimos que no dejaría de llover en un buen rato. Me miró, y propuso que ya que estábamos allí, podríamos darnos un relajado baño turco. 

Pueden llamarme retrógrado, pero mi educación había sido muy conservadora. Aunque cuando abandoné mi pequeño pueblo de La Mancha, y fui a vivir a Madrid, mi cerrada moral cristiana, católica y romana se abrió a nuevas formas de vida poco ortodoxas, el pasarme la tarde semidesnudo, sudando y rodeado de Alemanes homosexuales, superaba los límites de mi apertura de miras. Aún no sé como me convenció, siempre lo hacía. Acabamos rodeados de teutones musculosos cubiertos con pequeñas toallas, los que llevaban algo. 

Mi actitud reservada y miedosa chocaba de frente con el desparpajo de Fermín. Se movía por la sauna como si fuese el dueño. Al cabo de veinte minutos llamaba a todos por su nombre. Reía, bromeaba, discutía con unos y otros. Y todo esto sin hablar ni una palabra de alemán. Yo intentaba pasar inadvertido y casi me da una lipotimia, ya que cubría todo mi cuerpo con todas las toallas con las que me pude hacer. Mientras, mi despreocupado compañero paseaba de un lado a otro completamente desnudo. Repartía comentarios y palmadas en la espada a unos y a otros. Soltaba carcajadas e incluso llegó a bailar lo que parecía una jota aragonesa. 

Cuando salimos de allí el cielo estaba despejado, mis nervios vencidos y Fermín sonreía mientras miraba a un lado y otro en busca de algo nuevo que hacer. Siempre le echaré de menos y le admiraré por haber podido mirar más allá. Por haber sabido disfrutar de cada pequeño momento de felicidad que su corta vida le regaló.


Escribujo: En Busca del Alma Perdida


Perdido en mitad de la Jungla Centroamericana, Henry Walton Jones Jr, más conocido como Indiana, empieza a replantearse su vida. Si. Todos dicen que ha sido cojonuda. Que ha corrido miles de aventuras. Que ha conocido cientos de países y culturas. Que ha contribuido a llenar Museos con antigüedades de valor incalculable. Todo maravilloso. Pero ¿a costa de qué? 

Durante toda su infancia acompañó a su padre en viajes alrededor del mundo. Donde conoció a Freud, Tolstoi, Lawrece de Arabia... ¿Era eso adecuado para un niño de tan corta edad? Él quería salir a jugar como el resto de los niños, pero no pudo. En lugar de relacionase con gente de su edad, y hacer lo típico de un crío, creció entre Safaris en Kenia, Monasterios griegos o viajes a Rusia. Sufrió raptos, luchó en guerras y revoluciones, escapó de mil enemigos... y todo eso lo compaginaba con sus estudios en Princeton y la universidad de Chicago. 

Como es normal no tenía tiempo para las relaciones sociales. Había tenido centenares de escarceos con mujeres de toda índole, y su relación con Marcus Brody Siempre había despertado rumores en la universidad (aunque para él sólo había sido un compañero especial). Pero ¿qué me dices de la amistad y el amor? ¿Acaso una persona puede ser feliz sin amigos? ¿Sin alguien a su lado?

Llegado este momento, el totem precolombino de oro que sujetaba entre las manos dejaba de tener valor para él. ¿Y si se había equivocado? Durante años quiso ser mago, pero su padre se negó, y le presionó para que estudiase arqueología. ¿Sería momento de cambiar? Sí, era mayor. Pero aún tenía tiempo de hacer lo que le gustaba. De llevar una vida tranquila y normal, cuyo objetivo no fuese rescatar un medallón del Inca Atahualpa, sino hacer disfrutar a niños y mayores con trucos e ilusiones.

Lo había decidido. En cuanto regresase a la civilización, se apuntaría a la Escuela de Magia de Anthony Blake. Eso o comprarse un Magia Borrás.

Escribujo de Lorenzo de Arabia

Eran las tres de la mañana de un martes cualquiera. A pesar de no haber dormido en dos días, no tenía sueño. En la tele sólo ponían programas de teletienda, vendiendo alargadores de pene, y películas erótico-festivas. Empecé a notar que los niveles de nicotina de mi organismo descendían peligrosamente, así que me puse un pantalón de pijama y unas chanclas, y bajé a la calle a comprar tabaco. 

El chino de debajo de mi casa había cerrado, pero pensé que era posible que vendiesen en la gasolinera del parque de Canal. Me dije ¡Vamos allá! Pero resulta que se les había acabado, y pensé que era posible que vendiesen en la estación de autobuses de Méndez Álvaro. Me dije ¡Vamos allá! Pero al llegar me dijeron que habían prohibido vender en la estación. Entonces vi a un hombre que terminaba un cigarro y se metía en un autobús. Y me dije ¡Vamos a pedirle uno! Así que me metí en el autobús a preguntarle, pero resulta que era el último que le quedaba. Y el autobús se puso en marcha rumbo a Algeciras antes de que me bajase. Y pensé que cuando llegue a Algeciras podría comprar tabaco en Gibraltar, que es más barato. Así que ¡Vamos allá! 

Pero me quedé dormido, y no me bajé en Algeciras, sino que me desperté en Tanger (no me preguntéis como llegó allí). Un poco desconcertado decidí conseguir un cigarrito en algún lado y ya después pensar en como volver a casa. Pero resulta que en Marruecos la gente habla árabe y francés, y nadie me entendía (ahora me arrepiento de no haber hecho más caso a Carlos Roso en clase). Y pensé ¡Joder! En el Sahara Occidental la gente habla castellano también. Si voy allí seguro que un cigarrito me dan. Así que me cogí un camello y... ¡Allá vamos! Pero claro, yo no había pensado en que no tengo ni idea de donde está el Sahara Occidental, por lo que me perdí. 

Llevo veinticinco años vagando por el desierto. Buscando a alguien que me de un fortuna, o incluso un LM Light. El mes pasado me crucé con un profesor de chino mandarín que también se había perdido. Y cuando le pregunté, con lágrimas en los ojos, que si tenía tabaco, me dijo que sí. Pero me ofreció un Ducados negro, así que le mandé a la mierda y seguí mi camino. Cualquier día de estos dejo de fumar y me vuelvo a casa, que mi mujer y mis hijos deben estar empezando a preocuparse.

Comando Escribujo


Mira que avisamos, pero nadie nos hizo caso. Y ahora nos llaman locos, mercenarios, rebeldes, asesinos... Pero como decían los viejos de mi pueblo, "el que avisa no es traidor, es avisador".

Aceptamos estudiar en un sistema precario. Y no nos quejamos. Después nos sumergimos en un mercado laboral que nos odiaba. Que no nos ofrecía oportunidades. Y no abrimos la boca. Nos limitaron las coberturas sociales a todos los niveles. Y seguimos tranquilos. Nos exprimieron a impuestos para financiar las corruptelas de políticos y banqueros. Y aún así permanecimos calmados. Pero nos tocaron la fibra sensible. Les dimos el brazo y se cogieron el cuerpo entero. No respetaron el único espacio de nuestra existencia que considerábamos inviolable. Las series Online Gratis.